En la Biblioteca Cané, dijo que ésta es "una de las ciudades más literarias del mundo".
Por Buenos Aires tengo una particular gratitud, porque es la primera ciudad donde un libro mío tuvo éxito de lectores y ante mi sorpresa fue editado y reeditado". Lo dice Mario Vargas Llosa, nombrado ayer "Huésped de Honor" de la Ciudad. Habla del éxito entonces inesperado de La ciudad y los perros, en 1962.
Pasaron 46 años y muchas cosas cambiaron. La literatura latinoamericana no volvió a ser la misma tras la implosión del "boom", que el escritor peruano ayudó a construir junto a su ex amigo Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, por citar algunos nombres. Pero Vargas Llosa quizás haya cambiado más que todos juntos. Con el recuerdo de su consagratoria novela, atrás quedaron su discurso e ideología de izquierda y su coqueteo revolucionario. La metáfora más elocuente que se vio en la Biblioteca Miguel Cané y que expresa el paso del tiempo, el cambio constante, la muerte de (algunas) ideologías fue la sintonía entre el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri y el Premio Cervantes.
Los dos participarán el jueves del seminario organizado por la Fundación Libertad, de Rosario, para conmemorar los 20 años de la institución. Asistirán además otros "líderes liberales" como el ex presidente de México, Vicente Fox, y su análogo español, José María Aznar, entre otros.
El acto comenzó a las 9.30, con un breve discurso del ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, que explicó los motivos y "el orgullo" de la ciudad por la distinción a Vargas Llosa. Con el relato solemne del locutor oficial de fondo, el escritor peruano recibió de manos del Jefe de Gobierno el diploma de Huésped de Honor de Buenos Aires, junto a una medalla recordatoria con el escudo de la ciudad.
Lo que no ha cambiado en el escritor nacido en Arequipa -el próximo viernes cumplirá 72 años- es su pericia para narrar, ya sean relatos violentos, biografías noveladas, o retorcidas historias de amor vinculadas a la política latinoamericana.
El autor de La tía Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras y Travesuras de la niña mala, entre otros, no pudo evitar emocionarse durante el homenaje que las autoridades porteñas organizaron en la modesta pero célebre Biblioteca Miguel Cané. Es la institución donde trabajó Jorge Luis Borges entre 1937 y 1946. "Nunca había estado aquí (en la biblioteca), pero sabía de su existencia, como todos los admiradores de Borges, una de las figuras más admirables de la cultura latinoamericana", señaló el autor.
Pocos autores en el mundo poseen el magnetismo que despierta Vargas Llosa. Acaso eso explique la psicosis generalizada de periodistas, camarógrafos, fotógrafos y noteros de televisión que coparon el reducido espacio de la biblioteca para tener un plano más cercano al escritor. Pocos fueron los anónimos lectores que esperaron pacientes que les firmara algún ejemplar.
El también ex candidato a presidente de Perú se refirió a las vinculaciones entre su admirado Borges y las dos dimensiones de Buenos Aires, la real y la literaria. "Las ciudades sólo existen de verdad cuando la literatura deposita sobre ellas una página de leyendas y de mitos, como hicieron Victor Hugo y Baudelaire con Francia, Joyce con Dublín. Eso mismo hizo Borges con Buenos Aires. Ha sabido crear una Buenos Aires paralela, que es la que buscan cuando llegan a esta ciudad los lectores de Borges".
El huésped de honor no ahorró elogios con la ciudad anfitriona. "Es una de las ciudades más literarias del mundo. Probablemente con París sea la ciudad más literaria del mundo, como lo demuestran esas librerías abiertas hasta altas horas de la noche".
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